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la vida

"Cuando uno se entrega totalmente a alguien o a algo generalmente deja huellas. Es el amor, esa fuerza incontrolable, la que nos hace triunfar".

3 Marzo 2008

secreto 5

Secreto 5

La causa del sufrimiento

es la irrealidad

La razón más común de que las personas se acerquen a la espiritualidad es hacer frente al sufrimiento. No por accidente, sino porque todas las religiones prometen aliviar el dolor: la fe trasciende las penalidades de la carne y el alma es un refugio para el corazón afligido. No obstante, cuando se acercan a Dios, la fe o el alma, muchas personas no encuentran alivio, o sólo el que podría resultar de hablar con un terapeuta. ¿Hay algún poder especial que únicamente se encuentre en la espiritualidad? Para quienes se acercan a ella, la terapia funciona, y las formas más comunes de sufrimiento, ansiedad y depresión responden en el corto plazo a los medicamentos. Cuando la depresión se disipa, ¿hay alguna razón para acercarse al espíritu?

Para responder a estas preguntas debemos comprender, en primer lugar, que dolor no es lo mismo que sufrimiento.

En sí mismo, el cuerpo descarga el dolor espontáneamente, liberándolo cuando se alivia la causa subyacente. El sufrimiento es dolor al que nos aferramos. Proviene del misterioso instinto de la mente de creer que el dolor es bueno, no puede rehuirse o la persona lo merece. Sin todo esto, el sufrimiento no existiría. Hace falta un esfuerzo de la mente para crear sufrimiento, una mezcla de creencia y percepción que la persona supone no controla. Pero aunque el sufrimiento parezca inexorable, lo que nos libera no es atacar al sufrimiento mismo, sino determinar la irrealidad que nos hace aferramos al dolor.

La causa secreta del sufrimiento es la irrealidad misma.

Hace poco vi una prueba dramática de esto en una situación ordinaria. Por casualidad vi uno de esos programas televisivos en que personas nacidas con deformidades físicas reciben un tratamiento gratuito en el que se utilizan todas las capacidades de la cirugía plástica, la odontología y el arte del esteticista.

  1. 􀂉 En ese episodio particular, quienes buscaban desesperadamente tratamientos eran gemelas idénticas. Sólo una de ellas quería cambiar su apariencia; la otra no. De adultas, las gemelas ya no eran exactamente iguales. La "fea" de cada pareja se había fracturado la nariz, lastimado los dientes o ganado peso. Lo que me pareció dramático fue cómo estos defectos menores eran comparados con la creencia, compartida por ambas gemelas, de que una era muy hermosa y la otra inquietantemente fea. Las "feas" admitían que no pasaba un día sin que se compararan con sus "hermosas" hermanas. En este programa de televisión podían contemplarse todos los pasos que conducen al sufrimiento:
  2. 􀂉

Pasar por alto los hechos.

3. 􀂉

Adoptar una percepción negativa.

4. 􀂉

Reforzar esa percepción mediante el pensamiento obsesivo.

5. 􀂉

Perderse en el dolor sin buscar una salida.

6. 􀂉

Compararse con los demás.

7. 􀂉

Consolidar el sufrimiento mediante relaciones.

Una guía para sufrir incluiría todos estos pasos, que acumulan una sensación de irrealidad que parece totalmente real. Y en consecuencia, las instrucciones para poner fin al sufrimiento invertirían estos pasos y devolverían a la persona a la realidad.

Pasar por alto los hechos.

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El principio del sufrimiento es frecuentemente la negativa a ver la situación como es. Hace muchos años, algunos investigadores realizaron un estudio sobre la manera en que las personas hacen frente a las crisis inesperadas. El estudio fue patrocinado por terapeutas que deseaban saber dónde buscan ayuda las personas que están en problemas. Cuando ocurre lo peor (alguien pierde su empleo, es abandonado por su cónyuge, se le diagnostica cáncer) aproximadamente quince por ciento busca alguna clase de ayuda con un consejero, terapeuta o pastor. El resto ve la televisión. Se niegan incluso a mirar el problema o comentarlo con alguien que pudiera ayudar.

A los terapeutas que patrocinaban el estudio les horrorizaba esta negativa, pero no podían evitar preguntarse: "¿No es una reacción natural ver la televisión?" Las personas procuran instintivamente sofocar el dolor con el placer. Buda enfrentó la misma situación hace muchos siglos. En su época, las personas también trataban de suprimir el dolor porque los monzones no llegaban y todos sus cultivos se perdían, o la familia moría por una epidemia de cólera. Sin televisión debían encontrar otros medios de escape, pero la premisa era la misma: el placer es mejor que el dolor; por tanto, debe ser la respuesta al sufrimiento. La sustitución del dolor con el placer es eficaz en el corto plazo. Ambos son sensaciones, y si una tiene la intensidad suficiente puede anular a la otra. Pero Buda no predicaba que la vida es dolorosa a causa del dolor; es dolorosa porque la causa del sufrimiento no ha sido analizada. Imagina a una persona que está sentada junto a una piscina en Miami Beach.

Está mirando su serie favorita de televisión y comiendo chocolate, pero alguien le está haciendo cosquillas con una pluma. Tal vez la persona no sienta mucho dolor pero sí podría estar sufriendo profundamente. La única manera de evitarlo de manera duradera es confrontar la fuente del sufrimiento, siendo el primer paso la disposición de ver qué está ocurriendo realmente.

Percepciones negativas.

La realidad es percepción, y la persona que sufre queda atrapada por percepciones negativas de su propia creación. La percepción mantiene el dolor bajo control no reduciéndolo sino produciendo aún más dolor. Este giro es el que la mayoría de las personas encuentra difícil de comprender. El cuerpo descarga el dolor automáticamente pero la mente puede hacer caso omiso de ese instinto y convertir al dolor en algo "bueno", con el argumento de que es mejor que otras posibilidades aún peores.

La confusión y el conflicto internos son la razón por la cual a la mente se le dificulta tanto curarse pese a todo el poder que tiene. El poder se ha vuelto contra sí mismo y, en consecuencia, la percepción —que podría terminar con el sufrimiento al instante—, cierra la puerta.

Reforzar una percepción.

Las percepciones son fluidas, a menos que las fijemos en un lugar. El yo es como un sistema en cambio constante que incorpora lo nuevo en lo viejo a cada momento. Sin embargo, sí te obsesionas constantemente con viejas percepciones, éstas se refuerzan con cada repetición.

Analicemos un ejemplo. Anorexia nervosa es el término médico dado a un padecimiento en que la persona, por lo general una muchacha de menos de veinte años, adopta el hambre como forma de vida.

Si entrevistáramos a una adolescente anoréxica que pesa menos de 40 kilogramos y le mostráramos fotografías de cuatro cuerpos, desde lo más delgado a lo más obeso, ella diría que su cuerpo se asemeja al obeso, pese a que en realidad su constitución es esquelética. Si llegáramos al extremo de superponer su rostro en las cuatro fotografías, una anoréxica seguiría considerando al cuerpo más obeso como el suyo. Esta imagen corporal distorsionada desconcierta totalmente a los demás. Resulta extraño mirar en el espejo un esqueleto y ver en su lugar una persona obesa (así como resulta extraño que gemelos idénticos crean que uno es extremadamente feo y el otro hermoso).

En estos casos, la percepción se ha distorsionado por razones ocultas relacionadas con la emoción y la personalidad.

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Si a una anoréxica se le muestran fotografías de cuatro gatos, puede distinguir fácilmente cuál es el más obeso. La distorsión viene de un nivel más profundo, donde el yo determina qué es real respecto de uno mismo. Es un círculo vicioso: una vez que el yo determina algo sobre sí mismo, todo en el mundo exterior debe ajustarse a esa decisión. En la mente de la anoréxica, la vergüenza es esencial para lo que ella es, y el mundo no tiene otra opción que devolverle su imagen vergonzosa. Matarse de hambre es la única manera que se le ocurre para hacer que esa chica obesa del espejo desaparezca. Lo que nos lleva a una regla general: la realidad es aquello con lo que te identificas.

Cuando la vida nos resulta dolorosa es porque nos hemos encerrado en algún tipo de identificació n errónea, contándonos historias privadas e incuestionables sobre quiénes somos. La cura de la anorexía es marcar de alguna manera la diferencia entre "yo" y esta identificació n poderosa y secreta.

Lo mismo vale para todo tipo de sufrimiento, porque cada persona se identifica arbitrariamente con una cosa u otra, las cuales le cuentan una historia inexacta de quién es. Aunque fuéramos capaces de rodearnos de placer a cada minuto del día, la historia equivocada de quiénes somos terminaría trayendo un profundo sufrimiento.

Perderse en el dolor. Las personas tienen umbrales de dolor notablemente distintos. Los investigadores han sometido a sujetos a estímulos iguales, como choques eléctricos en el dorso de la mano, y les han pedido que califiquen la incomodidad sentida en una escala del uno al diez. Durante mucho tiempo se pensó que como el dolor se percibe mediante caminos neurales idénticos, las personas debían percibir las señales de dolor de manera más o menos similar (así como, por ejemplo, casi todos serían capaces de ver la diferencia entre la luz normal y la luz alta de unos faros). Sin embargo, el dolor que algunos pacientes percibieron como diez, a otros les pareció uno. Esto indica no sólo que el dolor tiene un componente subjetivo sino también que la manera en que evaluamos el dolor es completamente individual. No hay un camino universal entre estímulos y respuesta. Una persona puede sentirse profundamente traumatizada por una experiencia que apenas resulta significativa para otra.

Lo extraño acerca de este resultado es que ninguno de los sujetos pensaba que estaba creando una respuesta. Si ponemos accidentalmente la mano sobre una estufa caliente, nuestro cuerpo reacciona instantáneamente. Pero en ese instante el cerebro está evaluando el dolor y dándole la intensidad que percibimos como objetivamente real. Y al no renunciar a su control sobre él, las personas se pierden en el dolor. "¿Qué puedo hacer? MÍ madre murió y estoy desolada. No puedo ni salir de la cama en las mañanas". En esta declaración parece haber un vínculo directo entre causa (la muerte de un ser querido) y efecto (depresión). De hecho, el sendero entre causa y efecto no es una línea recta; la totalidad de la persona entra en juego, con gran cantidad de factores del pasado. Es como si el dolor entrara en una caja negra antes de que lo sintiéramos, y en esa caja el dolor fuera emparejado con todo lo que somos: nuestra historia completa de emociones, recuerdos, creencias y expectativas. Si eres consciente de ti mismo, la caja negra no está sellada ni oculta. Tú sabes que puedes influir en lo que ocurre dentro de ella. Pero cuando sufrimos, nos maltratamos a nosotros mismos. ¿Por qué el dolor es diez en vez de uno? Simplemente porque es; por eso. El sufrimiento persiste sólo en la medida en que permanecemos extraviados en nuestra propia creación.

Compararse con los demás.

El ego quiere ser el número uno. Por tanto, no tiene más opción que permanecer atrapado en el Juego eterno de compararse con los demás. Como todos los hábitos arraigados, éste es difícil de romper.

Un amigo mío supo hace poco que una mujer a la que conocía había muerto en un accidente automovilístico. Él no la conocía bien, pero sí a todos los amigos de ella. Unas horas después de su muerte, una nube de pesar se cernió sobre ellos.

La mujer era muy querida y había realizado muchas buenas obras; era Joven y estaba llena de optimismo. Por estas razones, las personas se apesadumbraban aún más, y mi amigo, quedó atrapado en ello. "Me vi saliendo de mi auto y siendo arrollado por un conductor de los que

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atropellan y huyen, como le pasó a ella. Seguía pensando que debía hacer algo más que enviar flores y una tarjeta. Coincidió que la semana del funeral salí de vacaciones, y mi incapaz de divertirme sólo de pensar en la impresión y el dolor de morir así."

En medio de estas reacciones, mi amigo comprendió súbitamente algo: "Me sentía cada vez más triste hasta que de repente entendí: `Ésa no es mi vida. Ella no es yo'. Ese pensamiento me pareció muy extraño. Quiero decir: ¿no es bueno ser compasivo? ¿No debería compartir la pena que sentían todos mis amigos?" En ese momento dejó de compararse con los demás, algo nada sencillo porque todos adquirimos identidad a partir de padres, amigos y cónyuges. Una comunidad entera ha adoptado una residencia fragmentaria en nosotros, compuesta de porciones de otras personalidades.

Nuestro estilo de sufrimiento lo hemos aprendido de los demás. En la medida en que te sientas estoico o débil, bajo control o víctima, desesperado o esperanzado, te estás adhiriendo a reacciones establecidas por alguien más. Desviarnos de sus pautas nos parece extraño, amenazador incluso.

En el caso de mí amigo, rompió una pauta de sufrimiento; cuando se dio cuenta de que era de segunda mano. Anteriormente, quería sentir lo que creía apropiado y lo que le parecía que esperaban de él. Quería adaptarse a la manera en que los demás veían la situación. Mientras te compares con los demás, tu sufrimiento persistirá como una manera de adaptarte.

Consolidar el sufrimiento mediante relaciones.

El dolor es una experiencia universal; por tanto, está presente en todas las relaciones. Nadie sufre solo, y aunque hicieras todo lo posible por sufrir en silencio, tendrías un efecto en quienes te rodean. La razón por la cual a las personas les resulta tan difícil participar en una relación sanadora es que la vida en nuestra familia de origen requería frecuentemente una buena cantidad de inconsciencia. Pasamos por alto lo que no queremos ver; guardamos silencio sobre cosas de las que es demasiado difícil hablar; respetamos límites aun cuando éstos resultan limitantes. En resumen, la familia es donde aprendemos a negar el dolor. Y el dolor negado es otro nombre para el sufrimiento.

Si se les diera a escoger, la mayoría de las personas preferirían mantener sus relaciones a dejar de sufrir. Esto se comprueba en familias abusivas en que las víctimas no se defienden ni se van. (Algunos estados han aprobado leyes que obligan a la policía a arrestar a abusadores domésticos, pese a las protestas de los cónyuges a quienes golpean y torturan. Sin estas leyes, la víctima se pone del lado del abusador más de la mitad de las veces.) Una relación sanadora se basa en la conciencia; en ella, ambos compañeros trabajan para romper viejos hábitos que promueven el sufrimiento.

Se trata de una situación delicada, como la de mi amigo, porque compasión significa que aprecias el sufrimiento que otro está experimentando, además del tuyo. Pero al mismo tiempo debe haber distanciamiento, asegurarse de que ese sufrimiento, sin importar cuan real sea, no es la realidad dominante. Las actitudes que contribuyen a una relación sanadora se vuelven parte de una visión que mantienes para ti y para la otra persona.

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Me identifico como princesa guerrera tengo 26 años y vivo en chile primera región de Tarapacá Iquique-alto hospicio, trabajo de forma independiente tambien he realizo cursos de turismo, ingles, y computación. Tengo un bebe de 8 añitos se llama axel y es mi mayor alegría los ratos libres los dedico a el y mi familia. Me gusta conocer gente de todos lados para cambiar culturas, soy romántica y me gusta la playa. Me gusta compartir con amigos salir a divertirme. Cree este blog para darle informacion hacerca de lo mistico, esoterico, angelical todo lo de la nueva era espiritual.

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