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Piense en sí mismo como el portador de la luz, el guardián del templo, y observe el resplandor en su corazón que se hace más y más brillante, llenando con la luz todo su ser. Observe cómo arroja lejos el sufrimiento y el dolor, reemplazándolos por la alegría, el amor y la felicidad. Báñese en esta luz. Deje que envuelva todo su ser.
Al llegar el día en que comprenda que la luz en su corazón y la divina luz eterna son la misma cosa, habrá logrado la unión con ella y sabrá que representa la verdad, el amor y Dios. Desde luego, no es absolutamente necesario que medite acerca de la llama de una vela. Podrá escoger lo que más le agrade, por ejemplo, el sol naciente o el ocaso. Pero si se decide por algo concreto para empezar, cuando esté avanzado en la meditación podrá elegir algo abstracto, como amor, bondad, etc, algo que sea positivo, bello, elevado, ennoblecedor, un tema de luz, no de oscuridad, algo que le sirva para su despertar y crecimiento espiritual. |
| El Mantra Om |
Al decir mantra, estoy designando la palaba no sólo como vehículo de información como, por ejemplo, lo hace la ciencia, sino como palabra con poder, con efectividad.
En otras filosofías, también aparece la noción del lenguaje como cargado de poder. El judaísmo ortodoxo, por ejemplo, prohibe pronunciar el tetragramaton (yhvh), el nombre sagrado de Dios, por las impredecibles consecuencias de ese acto. Por otro lado, para hacer surgir al mundo, Dios también utiliza la palabra:
Dijo Elohim: Haya luz; y hubo luz (Génesis I,3), continuando toda la creación con este esquema.
En el cristianismo, también aparece la palabra asociada fundamentalmente a Dios, desde los orígenes:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios (San Juan I,1)
En el hinduismo la palabra más sagrada es OM, también conocida como pranava (aproximadamente: sonido retumbante). Mataji Indra Devi lo homologa al amén de los judíos y cristianos, y al amín de los musulmanes.
Cuenta la tradición que OM fue revelada a los sri (sabios videntes) que recibieron los Veda y las Upanisad, en tiempos inmemoriales, mientras estaban en arrebato de meditación, comulgando con lo más elevado.
Dice Kurt Fiedrichs en el Diccionario de la sabiduría oriental:
"(El OM es) el símbolo más alto y comprehensivo de la espiritualidad hindú, también utilizado como mantra en el budismo. Es un símbolo tanto visual como sonoro. No constituye una sílaba "mágica" ni tampoco se la considera propiamente una palabra, sino una manifestación de la energía espiritual (...) que designa la presencia de lo Absoluto en la maya (mundo fenoménico siempre cambiante)".
Detrás o antes del universo manifestado (mana-rupa: el mundo de los nombres y de las formas), se encuentra el eterno Logos, Verbo o palabra fundante de Dios, que contiene en sí, en potencia, todas las ideas, todos los nombres y todas las formas. OM es considerado el sonido más cercano a esta divina palabra (origen de todas las demás) que labios humanos pueden pronunciar. Por eso, es incluso más poderoso en su versión mental que física, pues representa la vibración básica fundamental, previa a todos los sonidos.
Todo el universo vibra en OM. Sus diversos objetos constituyen otras tantas modulaciones del básico OM: energía vibrando en distintas frecuencias. OM es nada-Brahman, "el sonido de lo Absoluto". Es también la potencialidad del nombrar, previa y subyacente a la manifestación concreta del mundo. Por ello, su repetición se torna un vehículo para acercar nuestra conciencia a lo Absoluto.
Según las leyes de la fonética sánscrita, la vocal "o" se considera resultante de la unión de los sonidos "a + u". De allí que la tradición india base su análisis en la consideración cuatripartita del OM con los siguientes cuatro elementos:
u
m
el silencio siguiente
La boca comienza plenamente abierta en el sonido a y se va cerrando gradualmente en la u y en la m, hasta culminar en el silencio, incluyendo simbólicamente todos los sonidos posibles. La cuaternidad de OM quiere reflejar el misterio de la multiplicidad: cóno lo Uno llega a ser Múltiple, precisamente porque OM es el nexo, el puente, que va de lo inmanifestado a lo manifestado, el enigmático movimiento por el cual la unidad se manifiesta en la multiplicidad.
Además de su caracter fundante y de sus resonancias simbólicas, OM posee una función instrumental: es un vehículo capaz de llevarnos a la verdadera realidad, designada en la India como Brahman. Como lo expresa la Mundaka-Upanisad:
Aquí es donde mueren las palabras y sólo cabe la experiencia vivida.
Realízate por medio de OM.
Piensa siempre en OM.
Canta OM.
Recita OM.
Medita OM.
Sube a la nave OM.
Boga seguro en ella...
Y toma puerto sano y a salvo
en la maravillosa ciudad del Eterno".
| ASATO MAA... (del No-Ser...) Asato maa sad gamaya (Condúceme del no-ser al ser |
En la Fundación Indra Devi entonamos con frecuencia
esta antiquísima invocación védica, una de las preferidas de Mataji.
Tan vigente hoy como hace tres mil años, enuncia a la vez una bendición,
un programa de vida individual y el objetivo de la evolución humana.
Algunos, quizás, reconocerán al gran "Tú" que se oculta y se revela en la Tierra, en el Sol, en las estrellas, en los planetas, los minerales,
las plantas, los animales, y los seres humanos.
A la Presencia Viva, Inteligente, Poderosa, Consciente y Feliz
que impregna y sostiene todo, incluyéndonos a nosotros mismos,
y de cuya naturaleza participamos, aunque,
en la ilusión de nuestra separatividad, no nos demos cuenta.
Estamos en camino, somos el camino...
para emprender el retorno a casa.
El ser humano anhela recuperar el Paraíso
del que se autoexpulsa por culpa del Deseo.
Ese Deseo que nos hace sentirnos incompletos
y creer que algo del Afuera podrá satisfacer
alguna vez nuestra ansiedad existencial.
Pero sucede que si retornamos a la fuente surgente de Ser,
que somos nosotros mismos,
percibiremos entonces al mismo tiempo también al Ser Universal
que nos hace guiños por todos lados.
por qué ni para qué estoy en este mundo, en este cuerpo,
en esta familia, en esta clase social, en este país, en este siglo...
Realizo rutinariamente mis tareas cotidianas en una nube de semi-conciencia,
sin estar realmente "ahí", a tal punto que los días "vuelan"
y a veces ni siquiera puedo recordar qué hice,
dejándome la sensación de no haber vivido del todo,
de haberme perdido algo, aunque sin poder precisar muy bien qué...
Me desplazo frenéticamente en todo tipo de medios de transporte,
pero en última instancia no sé adónde voy.
Estoy dormido y ni siquiera me doy cuenta de ello.
Pero para muchos de nosotros, en cierto momento,
en el medio de la oscuridad,
surge el punzante dolor de la nostalgia por la luz.
No estamos hechos para vivir eternamente en las sombras.
Algo dentro nuestro despierta y nos acicatea.
Intentamos negarlo, pero no nos deja en paz.
Nuestras preocupaciones habituales nos parecen intrascendentes;
lo que antes nos entusiasmaba, ahora nos aburre;
nos sentimos solos: nuestros seres queridos, nuestros amigos,
nuestros compañeros de trabajo no comparten nuestra desazón.
Es el momento del despertar.
La invocación védica pide que la luz
nos sea compasivamente mostrada para que sepamos hacia dónde dirigirnos.
Todo nuestro peregrinar sobre esta tierra, tanto a nivel individual
como de especie, es un trabajoso dirigirse hacia la luz.
La luz del Amor, la luz de la Alegría, la luz de la Unidad,
la luz de la Paz, la luz del Saber...
Quienes han retornado de una experiencia cercana a la muerte,
describen un largo túnel de oscuridad, y a su término una cálida luz,
palpitante de Vida, Amor, Comprensión,
infinita Bondad y Justicia, Sabiduría y Compasión...
Pero quizás no haga falta esperar a dejar este cuerpo físico para acercarnos a ella.
nuestros estados de ánimo, nuestros pensamientos....
En el mundo del tiempo y del espacio, todo muda y perece.
Toda la creación, con la excepción del ser humano,
acepta esta situación con naturalidad.
Al hombre, en cambio, le molesta.
No nos sentimos "en casa" en el ámbito de lo transitorio.
Nos parece siempre que lo que no cambia es más "verdadero" que lo que cambia. La Ciencia busca lo invariable dentro de los fenómenos
(sus leyes de funcionamiento).
La Filosofía busca el Ser Absoluto debajo de lo mutable,
la Moral intenta determinar los Mandatos que todos debiéramos cumplir...
El propio Lenguaje subsume, por ejemplo, bajo la palabra "perro",
lo común (lo invariable) de todos los perros posibles...
Y de ninguna manera queremos aceptar que nosotros mismos seamos perecederos. Algo en nosotros tiene nostalgia de inmortalidad.
La muerte como aniquilación total nos parece un escándalo inaceptable,
porque Algo en nosotros intuye que nuestro ser más íntimo es inmortal.
Nuestra cultura nos ha convencido de poner el ser en el cuerpo,
en las pertenencias, en el status, en el éxito, en la erudición.
Pero todas estas cosas son efímeras,
y nuestro ser interior tiene hambre de perdurabilidad.
Hemos puesto nuestro ser en el lugar equivocado.
cuando nos hayamos reinstalado en la casa del Ser,
encontraremos que, finalmente, estamos en Paz...


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