Las técnicas curativas de Chopra

Cada paciente aprende a reconocer el tipo físico o dosha al que pertenece, según los principios de la medicina ayurvédica: fuego (pitta), que controla el metabolismo; aire (vatha), que controla el
movimiento; y tierra (kapha), que controla la estructura.

El pitta es de contextura mediana, emprendedor, irritable, tiene tendencia al estrés y siente aversión por el sol y el calor. El vatha
es delgado, activo, aunque se cansa con facilidad, imprevisible, de apetito irregular y de sueño leve e interrumpido. Por último, el kapha goza de gran fortaleza física, resulta afectuoso y tolerante,
es lento para captar nueva información, aunque la retiene luego con facilidad, su sueño es pesado y prolongado y tiende a la obesidad. Si
no hay un tipo dominante, la persona posee dos doshas, es decir, que exhibe cualidades de sus dos doshas principales.

Según Chopra, para que el cuerpo y el alma se mantengan en un estado de armonía y se reinstaure, caso de producirse una enfermedad, la salud total del individuo, es necesario que exista un equilibrio
constante entre los tres tipos de doshas. Para ello, en su clínica se practica la meditación diaria y se efectúan masajes con aceite de sésamo antes de proceder al baño con hierbas purificadoras. La dieta, sencilla y desintoxicante, se basa en la cocina ayurvédica, que recomienda incluir en cada comida los seis gustos fundamentales:
astringente, amargo, dulce, picante, salado y ácido. Sopas, infusiones, yogur, miel, limones, lentejas, arroz y frutas se ingieren a diario en un ambiente relajado que favorece la comunicación entre los pacientes. Paseos, contacto con la naturaleza,
luz solar y aire puro son los próximos pasos a seguir.

El enfermo encuentra poco a poco el bienestar y la paz perdidos. Cuando estos dones se derraman sobre el individuo se está preparado para conectar con el espacio interior en el que se produce la curación cuántica.

La intención y el deseo Cuando una flor, un arco iris, un árbol, una hoja de hierba, un cuerpo humano se descomponen en sus partes esenciales, vemos que
éstas son energía e información. Todo el universo, en su naturaleza esencial, es el movimiento de la energía y la información. La única diferencia entre nosotros y los árboles es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.

En el plano material, tanto nosotros como el árbol estamos hechos de los mismos elementos reciclados: principalmente carbono, hidrógeno,
oxígeno, nitrógeno y otros elementos en cantidades minúsculas. Estos elementos se podrían comprar en un laboratorio. Por tanto, la diferencia entre nosotros y el árbol no reside en el carbono, o en el
hidrógeno o en el oxígeno. De hecho, nosotros y el árbol intercambiamos constantemente nuestro carbono y nuestro oxígeno. La verdadera diferencia entre los dos está en la energía y en la información.

En el orden general de la naturaleza, nosotros, los seres humanos, pertenecemos a una especie privilegiada. Tenemos un sistema nervioso
capaz de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo particular que da origen a nuestro cuerpo físico. Experimentamos ese campo subjetivamente en forma de pensamientos,
sentimientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias. Este mismo campo es percibido objetivamente como el cuerpo
físico –y por medio del cuerpo, percibimos ese campo como el mundo. Pero todo está hecho de lo mismo. Por eso los antiguos videntes exclamaban: "Yo soy eso, usted es eso, todo esto es eso, y eso es todo lo que existe".

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del Universo, porque al nivel de la mecánica cuántica no existen fronteras bien definidas. Somos como una onda, una ola, una fluctuación, una circunvolución, un remolino, una perturbación localizada en un campo cuántico más grande. Ese campo cuántico más grande –el Universo– es nuestro cuerpo ampliado.

El sistema nervioso humano no solamente es capaz de tomar conciencia de la información y de la energía de su propio campo cuántico, sino que, como la conciencia humana es infinitamente flexible a través de ese maravilloso sistema nervioso, podemos cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.
Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo de mecánica cuántica y, por tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro
cuerpo ampliado –nuestro entorno, el mundo– y hacer que sucedan cosas en él.

Este cambio consciente se logra a través de las dos cualidades inherentes a la conciencia: la atención y la intención. La atención da energía, y la intención transforma. Cualquier cosa a la cual prestemos atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la cual dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá. Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención organiza su propia realización.